A la manera de Nan Goldin

Si no conocemos la historia, quizás podríamos confundir las intenciones de Nan Goldin al presentarnos La Balada de la Dependencia Sexual. Ella lo ve como un diario visual, público (el diario escrito es privado) y subjetivo, de una historia personal en la que Goldin es parte de su familia extendida, familia por elección: “No estamos unidos por lazos de sangre o lugar, sino por una moral similar, la necesidad de vivir a fondo y en el momento, un descreimiento en el futuro, un similar respeto por la honestidad, una necesidad de forzar los límites, y una historia común”, dice.

Desde ese registro subjetivo, lo que Goldin desea retener es el mundo real, sin ediciones idealistas, con la intención de recuperar, desde las fotos, la experiencia de la memoria y, finalmente, a esa familia perfectamente (y amadamente) disfuncional. Cuyas relaciones son especiales, hasta marginales para la época; pero sus problemáticas, una vez removido el maquillaje de lo particular, son universalmente humanas.

Nan Goldin: Mary y David se manosean, New York City, 1980

Sin embargo, el móvil de Goldin es bien idealista, acaso imposible: averiguar por qué las parejas son tan difíciles. La pareja, en cualquiera de sus variantes, es el hilo conductor de esta balada, aunque en muchas de sus imágenes vemos personas solas (¿solitarias?), en la fragilidad de su intimidad despojada de cualquier tipo de producción.

Más allá de la soledad del individuo, de la sexualidad de la pareja y de la diversión del grupo (se puede estar solo aún acompañado), hay algo que sobrevuela La Balada de la Dependencia Sexual, no explícito en las imágenes o en la voluntad consciente de su autora. Parejas volátiles, amigos que se deterioran hacia la muerte, padres ausentes… y una soledad melancólica desde la que se intenta una búsqueda: Goldin no busca, tanto, recuperar el recuerdo de parejas sexuales, o armar una familia con quienes comparten su experiencia – aunque quizás sea solo eso lo que consigue.

Nan Goldin: Susan and Max sunbathing on the beach, Provincetown, 1976

Quizás la fundamental necesidad de Goldin sea encontrar un remedio para la pérdida. Porque el gran disparador de La Balada de la Dependencia Sexual no es nada de eso, sino la muerte de su hermana mayor, Barbara, que se suicidó a los dieciocho años, dejando a una Nan de trece años sola, frágil y con la misma tendencia autodestructiva. No es casual que Nan optara por la fotografía a la misma edad que su hermana se quitó la vida, emprendiendo un camino de re-creación a través de “explorar y entender las mutaciones” del poder de la sexualidad.

Por eso, un homenaje a esta influyente fotógrafa puede ser, a la vez, un ejercicio de autoconocimiento. Cómo nos vemos en nuestros seres cercanos, cómo nos asumimos desde nuestra tribu. Cómo nos encontramos en las imágenes de nuestra vida autoeditada, para rescatarnos del olvido de nosotros mismos.

Nan Goldin: Tumbas dobles, Isla Mujeres, Mexico, 1982

Acá están las bases y condiciones y el link para participar en la convocatoria: hasta el 23 de septiembre se van a poder subir hasta 3 fotos inspiradas en “La balada de la dependencia sexual” de Nan Goldin. Entre el 1 y el 2 de octubre notificaremos las obras seleccionadas, que van a ser expuestas en el festival Basado en Hechos Reales, que tendrá lugar los días 1, 2 y 3 de noviembre en el Centro Cultural Kirchner.

2018-09-17T12:57:53+00:00

About the Author:

Leave A Comment